Tenía la sana costumbre de, cada vez que pasaba por ahí acordarme cuál era la calle en donde vivía y acordarme de todas las veces que me reí con él y sentirme dichosa, aferrarme a ese sentimiento tierno que me despertaba y pensar, que nunca jamás iba a poder sentir eso por alguien más. Que nadie me lo iba a poder dar porque era algo tan puro que solo podía darse en la niñez... Aferraba ese sentimiento como algo precioso, ese recuerdo como un salvavidas.
Y hoy me sorprende pasar por esas calles y no ver nada. Verlas a todas iguales. Porque yo sabía QUÉ CALLE con QUÉ SAUCES era. No eran todas iguales, jamás.
Hoy sí.
Qué pasó?